sábado, 16 de enero de 2010

zapatistas

Esta vez quería hablar, o escribir (dependiendo de si me lees o me oyes), de un México diferente al que la mayoría conoce. Quiero hablar del México real, duro, el de los excluidos y olvidados, del México que las noticias callan.
No quiero hablar del México que cuenta la televisión, que sólo hace referencia al narcotráfico y de la amenaza que supone para su vecino del norte, los Estados Unidos, el país que consume más de la mitad de la droga que se produce en el mundo. A veces nos informan de asesinatos, secuestros y otros actos delictivos, pero no me refiero tampoco a éste México. Y bueno, tampoco quiero hablar del México de los hoteles de 5 estrellas de Cancún, playa del Carmen o Isla Mujeres, donde podemos pasar unas estupendas vacaciones y visitar alguna zona arqueológica cercana, aunque lo menos importante sea el nombre de ésta. No quiero hablar de esas maravillosas playas que acompaña a la vista desde la ventana de la suite, del poder majestuoso que te proporciona la pulsera ‘todo incluido’, o de lo cómodas que son las tumbonas en las privatizadas playas donde se construyó el condominio. No, no quiero hablar de ese México, quiero hablar de otro México, del México que no nos informan, del que queda a la sombra de los lujosos edificios, del México que vive bajo unas estrellas bien diferentes a la de sus hoteles.
En alguna ciudad del centro del país alguien nos dijo: "si queréis conocer el verdadero México, tenéis que visitar Oaxaca y Chiapas". Tenía toda la razón.

Oaxaca y Chiapas son los dos estados mas pobres del país, los de mayor población indígena. Son los nativos o pobladores originarios, los eternamente olvidados de los sucesivos gobiernos, tan sólo recordados para asestarles el golpe final y continuar con: "la larga noche de los 500 años", tal y como la llamó el subcomandante Marcos. Dentro de poco tendremos que sumarle 20 años más a esa cuenta sin que la situación haya variado mucho, aunque grande es la lucha que sus habitantes mantienen para que se les reconozcan como mexicanos de pleno derecho.

Estos mexicanos originarios no pueden cultivar sus tierras porque se la arrebataron y se ven obligados a trabajar en las de los terratenientes, que los explotan; no se respetan sus milenarias lenguas, milagrosamente conservadas; son acusados sin conocer sus cargos y juzgados en español, sin importar si lo hablan o entienden. Estos mexicanos viven en la miseria, venden su arte por una miseria y son tratados miserablemente. Los niños, descalzos y tiritando de frío intentan vender alguna pulsera a los visitantes, recorren las mesas de los restaurantes ofreciendo figuritas de barro y mirando hambrientos los platos que comen sus posibles compradores. Pobreza extrema en preciosas ciudades.

Por estos y otros muchos motivos, recogido en sus demandas, el primero de Enero de 1994, un organizado grupo de indígena se levantó en armas contra el gobierno bajo el nombre de Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en honor al líder revolucionario, y reclamaron Democracia, Libertad y Justicia para todos. Tomaron 7 cabeceras municipales, entre ellas la de San Cristóbal de las Casas, tras hacer publica su primera Declaración de la selva Lacandona. La respuesta militar fue inmediata: movimientos de tropas y bombardeos indiscriminados, comenzando así una lucha en la que los rebeldes salieron mal parados: 48 perdieron la vida, y en especial, en Ocosingo, 34 muertos y 32 desparecidos. El Pentágono envió a México helicópteros, aviones espías y armas para "acabar con el narcotráfico", el gobierno las utilizó para reprimir la revuelta indígena.



Como estrategia bien diseñada, el gobierno decide enfrentar a los mismos indígenas para que parezca, ante la opinión pública internacional, un conflicto interétnico, comenzando así la denominada guerra de baja intensidad. Recluta y financia a indígenas afines a sus intereses y crea numerosos grupos paramilitares, cada cual más sanguinario. Bien entrenados para espiar a los de su misma sangre, protagonizan atroces matanzas en las comunidades rebeldes. Entre mayo y diciembre del 1997 ocurrió en Chiapas mas de 30 actos violentos en diferentes lugares: asesinatos, miles de desplazados, violaciones de mujeres y niñas, detenciones arbitrarias, humillaciones... La matanza más conocida es la de Acteal, en la que 90 paramilitares asesinaron a 45 indígenas tzotziles mientras rezaban en la capilla de su comunidad; 16 eran niños, 20 mujeres (4 de ellas embarazadas, a las que también les abrieron el vientre para sacarles los fetos) y 9 hombres adultos. Todos fueron masacrados sin la menor misericordia en una operación que se desarrolló a tan sólo 200 metros de un retén de la policía. En las 7 horas que duró la masacre ningún policía actuó.

Ahora, 16 años después de que comenzara la revolución, los zapatistas se autogobiernan en sus llamados Caracoles, compuestos por Municipios Autónomos zapatistas. Nosotros visitamos Oventic, el segundo Caracol, donde a su entrada un cartel reza: "Territorio zapatista, aquí manda el pueblo y el gobierno obedece". Aquí está la Junta de Buen Gobierno que abarca 7 municipios, cada uno de ellos tiene un representante en las asambleas. Ocultos tras los pasamontañas y la niebla, nos explicaron su historia y nos enseñaron sus logros tras el levantamiento: construyeron una clínica donde atienden gratuitamente a todos, zapatistas o no; una escuela de enseñanza secundaria obligatoria; han recuperado las tierras que el pueblo trabaja; han creado cooperativas artesanales compuestas por mujeres que venden su arte a precio justo; ahora las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres…. Todo esto financiado con las exportaciones del café que cultivan, de la venta de su propia artesanía y de la solidaridad internacional.

Ellos siguen reclamando sus derechos y el gobierno responde militarizado todo el Estado, manteniendo las bases militares cercanas a las comunidades rebeldes y ampliando los retenes de control en las carreteras, donde todos los coches son parados bajo la excusa de: "control antinarcóticos".

"Bienvenidos compañeros", así comenzó las explicaciones el enmascarado dirigiéndose a todos los presentes. "Moríamos de hambre y preferimos morir en la guerra", así se despidió de todos nosotros. Su lucha sigue.

Por peticion popular pongo un enlace a las fotos relacionadas con el articulo:
http://www.flickr.com/photos/mexicougnemartin/page3/