En la salida de Jericoacoara hacia el parque nacional dos Lençoes Maranhenses perdimos un día cambiando de 4X4 a una van, de la van a un bus y del bus a un camión: de Jericoacoara hasta Camosin en todoterreno por la playa, para terminar montándonos en una barca para cruzar el rio que desemboca en el pueblo, luego cogimos una furgoneta para llegar hasta Parnaiba. Una vez en Parnaiba perdimos el bus que nos llevaba hasta Paulinho Neves, así que nos fuimos a Totoia, y una vez llegando a la ciudad tuvimos la suerte de encontrar a un grupo de habitantes de Caburé, el pueblo al que queríamos llegar y al que sabíamos que si seguíamos pasito a pasito a la velocidad a la que lo estábamos haciendo, no lo conseguiríamos en ese mismo dia y posiblemente tampoco al día siguiente. Este grupo de personas había alquilado un camión para que los llevara por las dunas y por la playa directamente hasta el pueblo, y hablando con ellos llegamos a un acuerdo y seguimos la ruta juntos.
Caburé esta situado en la desembocadura del río Preguiças y es un pequeño pueblo de pescadores, en la espalda están los pequeños lençois y cruzando el rio se encuentra el parque nacional dos grandes Lençois Maranhenses. En esta época del año, en invierno, el viento golpea con mucha fuerza y los pescadores, que viven en pequeñas casa de madera con muchos huecos, salen huyendo del pueblo hacia otros más protegidos.El pueblo estaría vacío a no ser por las 3 ó 4 carísimas pousadas que hay. La suerte siguió ayudándonos por la noche a la llegada al poblado, las pousadas llevaban varios días sin ver a ningún turista cerca, así que jugamos con eso a la hora del precio y salimos ganando.
Hablando con algunos de los pescadores que se resistían a abandonar el pueblo, conseguimos hacer un trato con uno para que nos llevara de excursión por los pueblos cercanos: Atins y Mandacarú. Esta es una parte muy interesante, ya que se unen las inmensas y secas dunas con la vegetación y humedad de los alrededores del rio Preguiças. Pasamos 2 noches en Caburé y una más en Atins antes de adentrarnos a pie en el parque nacional. Los "lençois", sábanas en portugués, son grandes dunas de arena blanca. Este parque es un desierto con la peculiaridad de que entre las montañas de arena hay innumerables lagunas de agua cristalina. Nosotros pasamos 2 días andando por las dunas y bañándonos en esos refrescantes lagos. Los paisajes que se pueden ver son indescriptibles, el incesante viento provoca que en las copas de las dunas la arena dibuje columnas de arena flotante. Las grandes sábanas blancas contrastan con el azul añil del cielo y el turquesa de las aguas creando panoramas inimaginables. Hay grandes y pronunciadas caidas en los costados de las dunas acabando en transparentes piscinas, en las que moran pequeños peces. A pesar del calor, el agua está fría y dá una especial ayuda para soportar la caminata bajo el fuerte sol que no se ocultó trás ninguna nube en los dos días en los que caminamos por este maravilloso desierto.
Pasamos la noche en un restaurante, solo hay dos dentro del parque, los dos de dos hermanos, uno frente el otro, tanteamos el terreno y nos declinamos por el de Antonio, donde cenamos unas deliciosas gambas y nos alquilaron una habitación. Al día siguiente seguimos caminando en busca de la laguna de 7 mujeres pero no llegamos a encontrarla, en el fondo me alegré, con la cantidad de problemas e irritaciones que da una, para que voy a querer 7 más??.
Volvimos muy satisfechos hacia Atins, bordeando la costa del mar y viendo partes del delta del Preguiças, observando a los cangrejos y recogiendo extrañas estrellas de mar. Los peces voladores saltaban cerca de nosotros y muchos pájaros volaban por encima de nuestras cabezas buscando algún cadaver cercano, esperando que alguno de nuestros cuerpos cediera al cansancio o procurando alguna tapilla por parte de los pescadores.
Tras la noche en Atins bajamos el rio hacia Vassouras, una pequeña comunidad. Aqui es habitual visitar un restaurante en el que, tras tomarte algo, llaman a una familia de monos que vive en los mangues cercanos y que ya está muy acostumbrada a las visitas, para darles alguna fruta y para que los turistas les hagan alguna foto. Este restaurante es una especie de arca de Noe: loros, gallinas, patos, monos, perros, cabras, conejos.... Aqui nos dimos el último baño en una laguna saltando desde una duna, la despedida de los lençois. El viaje continuó descendiendo el rio y vimos un precioso atardecer mientras bandadas de pájaros nos sobrevolaban y acababan posándose en los árboles de los costados. Cuando la noche nos atrapó, la luna llena nos dió el golpe de gracia otorgándonos un maravilloso eclipse mientras los monos mecian las ramas de la manta verde que bordeaba el rio, un fin de viaje espectacular.
Como no todo puede ser perfecto, llegamos a Barreirinhas. Agotamos nuestras últimas provisiones (económicas y alimenticias) antes de llegar al pueblo y nos encontramos con un problema que ya viene siendo habitual: el estómago grita y no hay dinero para callarlo. Barreirinhas es otro de esos pueblos turísticos completamente preparado para tener visitantes, pero en el que también se olvidaron de poner un cajero que funcione. Recurrimos a nuestra experiencia y entramos a una pizeria; hora y media más tarde salimos con el estómago haciendo su respectivo trabajo, digerir, y la cartera con el contenido para el cual fue diseñada.
La próxima parada fué la capital del estado de Maranhão, São Luis.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
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