lunes, 7 de abril de 2008

Peninsula Valdès

Asì que llegamos a Trelew el 29 y nos fuimos directamente al aeropuerto a recoger a mi viejita, que por si alguien no lo sabe ha venido a Argentina a ver a su hijo.
Al dia siguiente, tras alquilar un coche y al ver que en argentina todas las ciudades siguen la mismas caracterìsticas, nos dirigimos hacia Punta Tombo. Este cabo es la reserva de pingüinos de magallanes mas grande de amèrica y en contra de toda lògica es privada. En este caso la sequedad y monotonia del paisaje se viò recompensado con la cantidad tan impresionante de primos de Pancho que vimos, y tambièn por la cercania que teniamos con ellos, muchas veces solo centìmetros. Los pingüinos estaban acompañados por guanacos, una especie de llama que abunda por esta zona y con la que parecen tener una buena relaciòn. Disfrutamos mucho miràndolos andar, nadar, escabar sus nidos, cambiar de pelaje e incluso defender sus territorios.
Horas mas tarde volvimos a Trelew y de allì nos dirigimos hacia Puerto Piràmides, ya en la peninsula. El viaje durò unas horas y al ver lo mismo que hemos estado viendo desde que salimos de Còrdoba, nada, solo queria sacarme un ojo con una cuchara oxidada. Puerto Piràmides es un pueblo construido sin ningùn orden, todas las casas son diferentes y solo tiene una calle, la principal (el nombre es original eh??). Allì nos alojamos en una cabaña muy bonita en la que nos servian el desayuno. Nuestro siguiente destino en la peninsula era Punta Norte (que como su propio nombre indica es una punta que està en el norte), una gran reserva de leones marinos, donde con suerte o mala suerte, segùn quien lo mire, se pueden ver a las orcas almorzando deliciosos leones marinos poco hechos. Tenia muchas ilusiones depositadas en este posible fenòmeno y prestè mucha atenciòn al mar para ver si veia alguna aleta dirigiendose a la orilla pero parece que ese dia no tenian suficiente hambre y todos los leones sobrevivieron a nuestra visita. Al volver al coche nos encontramos a un armadillo con el que pasamos un buen rato conversando sobre la vida en ese feo y desèrtico lugar, hasta que vimos un zorro a pocos metros de nosotros, asi que dejamos a sergio, el armadillo, hablando solo y centramos nuestra atenciòn en el cànido hasta que se fuè. Lògicamente a sergio no le gustò esto y cuando volvimos ya se habia ido seguramente idignado.
Seguimos hacia el sur de la peninsula en direcciòn a Caleta Valdès, donde vimos otra colonia, en este caso de elefantes marinos. Este es punto desde donde se puede ver a los animales desde mas cerca y ademàs como era temporada baja no habia mas guiris molestando. En el camino de vuelta tambièn nos cruzamos con liebres, guanacos, mofetas y otros animales que habitan el lugar.

Mi impresiòn de Peninsula Valdès es buena solo por los animales, ya que todo lo demàs es igual de aburrido que el resto de la patagonia. He llegado a la conclusiòn de que no hay ningùn argentino que te de una opiniòn sensata y honesta sobre algùn lugar de su pais, ya que lo aman tanto que todo les parece hermoso y lo mejor del mundo, y aùn sabiendo que no es verdad lo siguen diciendo orgullosos.